Dietas bajas en carbohidratos

A diario, se debería consumir entre un 45% y un 65% de carbohidratos. Disminuir abruptamente los "carbs" puede traer efectos secundarios

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Muchos creen que así quemarán más calorías. Pero, ¿qué hay de cierto?

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Una dieta baja en carbohidratos puede ayudar a perder peso. Estos planes limitan el consumo de carbohidratos –como los granos, ciertos vegetales y frutas- y promueven la ingesta de proteínas y grasas.

Hay diferentes tipos de dietas que se basan en la reducción de carbohidratos. Se diferencian en la cantidad de “carbs” que se pueden consumir. 

La mayoría de los carbohidratos se encuentran en los alimentos de origen vegetal. Pero también hay alimentos fabricados a los que se les agregan carbohidratos en forma de almidón o azúcar agregada.
Entre las fuentes más comunes de carbohidratos se encuentran las frutas, los vegetales, la leche, las nueces, los granos, las semillas y las legumbres. 

¿Para qué necesita el cuerpo los carbohidratos?

El cuerpo utiliza los carbohidratos como principal fuente de energía. El azúcar y el almidón es transformado en azúcares simples durante la digestión, explica la Clínica Mayo. “Éstos son absorbidos por el flujo sanguíneo, donde se los conoce como azúcar en sangre o glucosa”.
La glucosa ingresa a las células con la ayuda de la insulina. Parte de esta glucosa es usada en forma de energía, para realizar actividad física o simplemente para respirar. La glucosa que no se utiliza se almacena en el hígado, los músculos y otras células para usarla más tarde o si no, la convierte en grasa. 

Según publica la Clínica Mayo, la teoría detrás de las dietas bajas en carbohidratos se basa en que la insulina previene la transformación de la grasa dentro del cuerpo, al permitir que el azúcar sea usada como energía. Se cree que al reducir los carbohidratos, también disminuirán los niveles de insulina, lo que obligaría al cuerpo a quemar grasa almacenada y, como consecuencia, a bajar de peso. 

No obstante, las Recomendaciones Dietarias para los Americanos (2010) sugiere consumir entre un 45% y un 65% de carbohidratos, del total de las calorías ingeridas por día. 

Es decir que una persona que consume 2,000 calorías diarias, debería consumir entre 900 y 1,300 calorías provenientes de carbohidratos, o entre 225 y 325 gramos. 

Los riesgos de reducir los “carbs” en forma abrupta

Seguir una dieta con un nivel muy bajo de carbohidratos puede derivar en deficiencias nutricionales o carencia de fibra. A su vez, esto podría desencadenar algunos problemas de aslud como constipación, diarrea o náuseas. 

Para evitar estas consecuencias, las personas que siguen una dieta limitada en carbohidratos, pueden consumir aquellos que tengan alto porcentaje de fibra y granos enteros. Hay ciertas dietas, como la Atkins, que han hecho algunas modificaciones a sus planes originales y ahora recomiendan consumir pequeñas cantidades extras de sal, además de vitaminas o suplementos, para prevenir los efectos anteriormente mencionados. 

Las consecuencias pueden ser más graves en los casos de dietas muy restrictivas con los carbohidratos, que incluyan menos de 20 gramos por día. Una de estas consecuencias podría ser sufrir quetosis, que se presenta cuando uno no ingiere la suficiente cantidad de azúcar para que el cuerpo utilice en forma de energía. Algunos síntomas de la quetosis son: mal aliento, fatiga mental y náuseas.

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